El neocirco electoral: pan, drones y el voto condicionado

El neocirco electoral: pan, drones y el voto condicionado

Por Ramón Elías Duarte Quintero

La vieja fórmula romana del panem et circenses no ha muerto; solo ha cambiado los gladiadores por espectáculos de luces y los carros de combate por drones de última tecnología.

Asistir hoy a un evento político no es un acto de reflexión democrática, sino la entrada gratuita a un festival masivo donde el ciudadano deja de ser elector para convertirse en un espectador anestesiado.

El despliegue es obsceno: tarimas colosales, artistas de moda facturando millones, pantallas gigantes, refrigerios en masa y un bombardeo publicitario que asfixia la radio, la prensa, la televisión y las redes sociales.

Para garantizar el éxito del guion, se financian flotas de autobuses que trasladan multitudes, construyendo una ilusión de respaldo popular que luego se vende a la gran prensa como una victoria anticipada. Sin embargo, detrás de la pirotecnia y el derroche mediático, el vacío programático es absoluto. Se regala entretenimiento para ocultar la falta de propuestas reales y se alimenta la mente de ilusiones y el estómago por unas horas para someter al hambre al pueblo durante los siguientes cuatro años.

Esta estrategia insulta la inteligencia del votante, transformando la necesidad económica en un peón de su maquinaria de marketing y degradando la democracia a un simple negocio de entretenimiento y manipulación masiva.

Al final, la música se apagará, las tarimas se desmontarán y las luces de los drones dejarán de brillar. Lo que quedará será la cruda realidad de los próximos cuatro años. El voto no tiene precio porque la dignidad de un pueblo no se vende; se ejerce. El verdadero poder no está en una tarima, está en tu mano y en tu conciencia frente a la urna. Vota con memoria, vota con libertad.