Delcy Rodríguez asume el poder en Venezuela en medio de la crisis tras la captura de Nicolás Maduro

Delcy Rodríguez asume el poder en Venezuela en medio de la crisis tras la captura de Nicolás Maduro

Delcy Rodríguez se convirtió desde este lunes en la figura de mayor poder dentro del chavismo tras ser juramentada como presidenta encargada de Venezuela, en un escenario de alta tensión política marcado por la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, durante una operación militar de Estados Unidos el pasado fin de semana.

De 56 años, con una trayectoria marcada por posiciones confrontativas y una sólida formación en la izquierda, Rodríguez era la segunda en la línea de sucesión prevista por la Constitución venezolana para casos de falta temporal o absoluta del mandatario. Aunque la carta magna no contempla una situación como la actual, la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), alineada con el chavismo, avaló su designación, convirtiéndola además en la primera mujer en ocupar la presidencia del país.

La llegada de Rodríguez al poder ocurre en un contexto de incertidumbre institucional y presión internacional. Washington la perfila como una figura clave para una eventual transición política, luego de que el presidente estadounidense, Donald Trump, confirmara contactos con ella y condicionara cualquier acercamiento a un “acceso total” a los recursos venezolanos.

En paralelo, la presidenta encargada ha intentado enviar señales contradictorias: por un lado, abrió la puerta a una “agenda de cooperación” con Estados Unidos y, por otro, exigió la liberación de Maduro, al tiempo que prometió un gobierno orientado a la estabilidad política, la seguridad y lo que denominó “felicidad social”.

Durante el acto de juramentación, Rodríguez afirmó asumir el cargo “con dolor por el sufrimiento causado al pueblo venezolano tras una agresión militar ilegítima”, en referencia a la incursión estadounidense. Como una de sus primeras decisiones, anunció la conformación de una comisión para gestionar la liberación de Maduro, presidida por su hermano y jefe del Parlamento, Jorge Rodríguez, e integrada por altos funcionarios del régimen y familiares del mandatario capturado.

Las reacciones desde Washington no tardaron. En una entrevista concedida al semanario The Atlantic, Trump advirtió que si Rodríguez “no hace lo correcto”, podría enfrentar un desenlace “peor” que el de Maduro, aunque reiteró que no ordenará nuevas operaciones militares si su gobierno responde a las exigencias de la Casa Blanca.

Rodríguez, sin responder directamente a esas advertencias, mantiene un delicado equilibrio entre la retórica de soberanía y la apertura al diálogo internacional. En octubre pasado, el Miami Herald aseguró que había ofrecido encabezar un gobierno de transición sin Maduro, versión que ella negó públicamente y calificó de falsa.

Una figura clave del chavismo

Delcy Rodríguez ha ocupado cargos estratégicos dentro del régimen durante casi dos décadas. Fue vicepresidenta desde 2018, ministra de Hidrocarburos desde 2024 y anteriormente dirigió las carteras de Economía, Finanzas, Comunicación e Información, además de ejercer como canciller y presidir la Asamblea Nacional Constituyente creada en 2017.

Su cercanía al manejo económico y al sector petrolero la convirtió en una pieza central del Ejecutivo chavista, especialmente en medio de sanciones internacionales y negociaciones con actores externos.

Nacida en Caracas el 18 de mayo de 1969, su formación política estuvo marcada por la muerte de su padre, Jorge Rodríguez, dirigente de izquierda considerado “mártir revolucionario” por el chavismo, fallecido en 1976 tras ser detenido por organismos de inteligencia del Estado.

Rodríguez es abogada de la Universidad Central de Venezuela, con estudios en derecho social en la Universidad de París X Nanterre y una maestría en política y estudios sociales de la Universidad de Birkbeck, en Londres.

Con su llegada al poder, Venezuela entra en una nueva fase de incertidumbre, en la que Delcy Rodríguez deberá enfrentar presiones internas, exigencias internacionales y un escenario político sin precedentes en la historia reciente del país.