Ernesto Orozco debe enderezar el rumbo de Valledupar
Por Aquilino Cotes Zuleta
Por supuesto que un alcalde debe iniciar las obras en atención a sus necesidades. Es el caso de Valledupar, una ciudad intermedia que podría consolidarse en una estrategia social, cultural y económica del país, pero hay que rediseñarla.
Según los investigadores Alfredo Otero-Ortega (Universidad del Atlántico) y Josep María Llop-Torne (Universidad de Lleida, España) “Las condiciones particulares de cada ciudad deben orientar la formulación de indicadores que guíen un desarrollo sostenible orientado en las funciones que estas cumplen con su territorio de intermediación y apoyado por instrumentos de financiación, que contribuyan a poner en valor los servicios ambientales constituidos en el suelo y la producción agroforestal, pecuaria, etiológica, minera y ecoturística garantizando su aplicabilidad a las condiciones puntuales de la ciudad intermedia”.
Agregan los autores que “la búsqueda de una definición única del concepto de ciudad intermedia está ligada a los diferentes procesos de aglomeraciones urbanas que crecen con relación a las grandes metrópolis planetarias. El intento de lograr un desarrollo urbano integrado pone a disposición la iniciativa del trabajo a través de redes de ciudades en condición de liderar cambios, que van desde los modelos de producción, consumo, crecimiento demográfico y ordenación del territorio, hasta producir impactos sobre indicadores de reducción de la pobreza, la devastación del medio ambiente y la violencia”.
Como no está en discusión el rotulo de ciudad intermedia, podríamos decir que el alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco, deberá enderezar el rumbo de Valledupar en lo que le falta de su mandato constitucional y emprender la búsqueda de esa ciudad intermedia.
Le corresponde al alcalde poner en práctica mejoras y una de esas ideas es el mercado público. Solo quedan dos alternativas: recuperarlo o recuperarlo, porque hoy es una pocilga, aunque duela decir esto. Un mercado sucio, insípido y peligroso para la salud humana. Según el DANE para este año la proyección de la población está estimada ente 600 y un millón de habitantes.
Esa población hace más rigurosa la atención de la ciudad por parte del alcalde. La atención en salud debe ser tan prioritario como solucionar el alto número de mendicidad.
Es que las ciudades intermedias deben ofrecer calidad de vida. Derrotar la mendicidad con planes de salud y políticas públicas. Se necesita un entorno tranquilo, pacífico y coherente, en donde se ofrezca menos contaminación para optimizar la salud física y mental.
Otra de las conquistas de una administración proactiva sería facilitar la interacción social, la vecindad como guardia de la interacción social que genere cultura comunitaria más activa, de la que adolecen las grandes urbes.
Entonces, recuperar el mercado público tiene un significado de salubridad, de acabar con la suciedad y con la muerte.
Lo que se observa es que estamos a punto de parecernos al recordado mercado de Barranquilla, en donde se movía un mundo mafioso de la inmundicia. Es decir, la fiebre no está en la sabana, no es problema de quienes trabajan adentro y afuera del mercado. Se trata es de salvar vidas. Devolverle el paso peatonal al peatón, regresarle la dignidad al dueño del local, pero advirtiéndole hasta dónde llegan sus derechos.
Las arcas del municipio no resisten “parches fríos” en la solución de la problemática del mercado y del pabellón de pescado. Hay que refaccionar el esquema, pero no enviando 30 o 40 supernumerarios a organizar la parte peatonal y el control del tránsito cada tres meses, no. Es creando una acción permanente y coercitiva.
Para conservar la ciudad caribe que pregonó Aníbal Martínez y las revolucionarias pequeñas obras de Rodolfo Campo Soto hay que rodearse de expertos, que tengan experiencia en ciudades como Valledupar y no en ciudades europeas. Hay que hacer rendir el empréstito de los $130 mil millones en estos frentes. Hasta la próxima semana. tiochiro@hotmail.com
