-Es el más grande aguacero de recuerdos, el camino lleno de piloneras, el canto inolvidable, las notas precisas de un acordeón y las ausencias que nunca faltan por diversos motivos del quehacer cotidiano-

Por Juan Rincón Vanegas

@juanrinconv

Comenzó el mes de abril y Valledupar tiene una característica especial porque el sonido de un acordeón, una caja, una guacharaca, un verso  y una voz parrandera hacen posible que todo tenga ambiente del Festival de la Leyenda Vallenata, cuya fecha será del 26 al 30 de abril en homenaje a Jorge Oñate, ‘La Leyenda’.

Precisamente sobre la indiscutible fuerza del vallenato el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, indicó: “No sé qué tiene el acordeón de comunicativo que cuando lo oímos se nos arruga el sentimiento”.

De igual manera la Exministra de Cultura Consuelo Araujonoguera, anotó. “Cuando comienza abril en medio de la dura realidad nacional nuestros acordeoneros, cajeros, guacharaqueros, compositores, verseadores, cantantes y piloneras nos confirman una vez más que hay empresas grandes, pujantes, famosas y ricas, pero que la mejor, la única empresa del espíritu que sobrevive y se mantiene pese a todo y más allá de todo, se llama Festival de la Leyenda Vallenata”.

La extinta Consuelo Araujo Noguera «La Cacica», principal gestora del Festival de la Leyenda vallenata. Foto El Informador

A su vez, el presidente de la Fundación Festival de la Leyenda Vallenata Rodolfo Molina Araújo, al aproximarse el máximo evento de acordeones, versos y canciones de Colombia, indicó. “Para los vallenatos es una fecha trascendental por ser la apertura de las puertas de Valledupar para recibir a miles de visitantes que vienen a untarse del vallenato clásico y de la amabilidad de todos. El Festival de la Leyenda Vallenata es la mayor identificación de esta tierra y la mejor manera de expandir nuestro querido folclor”.

Círculo eterno del retorno

Cuando comienza el mes de abril aparece el círculo eterno del retorno de juglares, Reyes Vallenatos y toda esa amplia familia del folclor que le pone la nota precisa a una música que nació en los corrales, y que hoy se pasea por el mundo. De esta manera se acerca el evento de mayor convocatoria cultural del país donde una canción llamada ‘Ausencia sentimental’, abre las ventanas de las añoranzas.

La historia narra que en Bogotá, corría el mes de abril del año 1977 cuando  el estudiante de derecho Rafael Manjarréz Mendoza, no pudo viajar a Valledupar por falta de recursos económicos. Se perdió el Décimo Festival de la Leyenda Vallenata y esto lo llevó a contagiarse de una enfermedad que no tiene cura y que lleva por nombre, ausencia sentimental.

Compositor Rafael Manjarrez

Para el cantautor no fue difícil establecer las condiciones de tiempo, modo y lugar para emprender la acción de componer, porque como en derecho había una carga de pruebas que daban fiel testimonio del hecho.

Esa ausencia puso en pena su alma y lo llevó a darle vida a la canción que nueve años más tarde se convirtió en la ganadora del Festival de la Leyenda Vallenata, y tiempo después, año 2010, fue declarada el himno del evento. Aquellos versos de Rafael Manjarréz los llevó a la pasta sonora el cantante Silvio Brito, dándole la entonación y el sentimiento adecuado.

Rafa, como lo llaman sus amigos, tiene intacto en su memoria aquellos instantes cuando estaba sentado en el suelo y tenía una guitarra como compañera, logrando invitar a ese recuerdo cercano que tiempo después lo catapultó en el universo vallenato.

“La historia me perseguía al recordar a varios compañeros que vivíamos en un apartamento en Bogotá, los cuales se pusieron de acuerdo para venirse a Valledupar con motivo del Festival Vallenato. Como yo también quería estar presente llamé a mi papá (Manuel Enrique Manjarréz) para que me mandara dinero. Su respuesta fue contundente. No hay plata y quédese quieto allá, déjese de locuras. Eso lo escribí en la canción”, contó con mucha nostalgia.

“Yo que me muero por ir y es mi deber quedarme, me quedo en la capital por cosas del destino… Porque el medio de mis viejos es tan humilde, que me dan para venirme y en diciembre regresar. Encerrado temblando escribí una letra que detallan mi tristeza, mi ausencia sentimental”

Rafael Manjarréz, el hijo de La Jagua del Pilar, La Guajira, a sus 62 años, recién cumplidos, se emociona hablando de ese suceso que no se cansa de repetir porque cada año vive en los corazones de miles de amantes del folclor vallenato que por diversas circunstancias solamente se pueden asomar al balcón de los recuerdos donde un acordeón suena en la lejanía y una voz delatan la tristeza de nunca acabar.

‘Ausencia sentimental’ es el himno de los ausentes, es la más fiel radiografía de la nostalgia, el sentimiento en trance del que se encuentra lejos y la memoria viva que busca en las remembranzas un presente igual o mejor, pero que al recibir “las razones de sus compañeros, las anécdotas y los cuentos buenos que son costumbres de allá”, todo se torna diferente.

Ese pedazo de acordeón

La historia de este espectacular evento comenzó en el año 1968 pegada a un ‘Pedazo de acordeón’, donde un negro nacido en El Paso, Magdalena, hoy Cesar, llamado Gilberto Alejandro Durán Díaz, lo hizo sonar y como regalo le compuso una memorable canción en aire de puya donde expresó toda la magia que tenía. “Este pedazo de acordeón donde tengo el alma mía, donde tengo mi corazón y parte de mi alegría”

Alejandro Durán, primer Rey Vallenato año 1968

Exactamente, la alegría del Festival de la Leyenda Vallenata encierra todo el legado de sus creadores, las hazañas musicales de los juglares, la constancia de los Reyes Vallenatos, el amor de los niños y jóvenes por el folclor y el canto de la compositora Hortensia Lanao de Roso, quien en su obra ganadora en el año 1995 titulada ¿Qué hago Señor?, expresó. “Quiero que vuelvan los tiempos, aquellos momentos de felicidad. Quiero abrirles el pecho, sembrar sentimientos, borrar la maldad”

Con la anterior disertación folclórica se pondrá en marcha el evento tradicional y emblemático de la cultura vallenata, el género musical que representa la diversidad del país donde se eligen a Reyes y Reinas quienes divulgan un folclor a través de sus notas de acordeón, cantos y versos que desde Valledupar es la cara risueña de Colombia ante el mundo.