La eficacia y seguridad de las vacunas contra el Covid-19 ha sido certificada en miles de millones de personas por la comunidad científica, y gracias a estos logros se han salvado muchas vidas y hoy tenemos un virus atenuado por el biológico, no tan letal como a comienzos del año 2020, cuando las UCI de clínicas y hospitales estuvieron atiborradas de pacientes con desenlace fatal al que pocos sobrevivieron.

Evidentemente, “Los ignorantes son grandes charlatanes y los entendidos hablan muy poco”: Rousseau. Lo sorprendente es que todo un científico de la talla del virólogo francés, Luc Montagnier, premio Nobel de medicina en 2008 con el descubrimiento del VIH y quien falleciera el pasado 8 de febrero a los 89 años, hubiera rechazado las vacunas dilapidando su prestigio al abrazarse a numerosas corrientes pseudocientíficas.

Como en Google, que todo lo sabe, no hallé un dato revelador, le consulté al médico reumatólogo e inmunólogo, Rafael Valle, investigador de Harvard, para saber cuántos científicos tiene el mundo, averiguó en la Unesco y estableció que son alrededor de “8 millones”. 

Entonces, prefiero el dictamen de estos hombres de ciencia que el criterio de “8 mil millones” de charlatanes esparcidos en el planeta, y claro, una cifra aproximada, ya que, en consonancia con el último informe demográfico publicado por Naciones Unidas, hay 7 mil 700 millones de habitantes en el mundo o 7 mil 837 millones, según datos de la Fundación Alemana para la población mundial. 

Más aceptable en términos de discusión la teoría de Montagnier de que el virus Sars Cov 2, causante del Covid-19, haya sido creado en laboratorio por biólogos moleculares, al insertar en un coronavirus genes del VIH-1 en el intento de curar el Sida, que poner en duda la eficacia de las vacunas, que nos protegen de síntomas graves y complicaciones mortales, junto a activistas que sin pruebas científicas han logrado convencer a buena parte de la humanidad para que no se vacune, desinformación que ha cobrado decenas de miles de muertes en pacientes que de haberse vacunado no hubieran padecido en una UCI la tortura de una intubación.

Está demostrado hasta la saciedad que son muy superiores los beneficios de las vacunas, en comparación con los riesgos, en medio de teorías conspirativas que apoyadas en noticias falsas distorsionan el trabajo de la ciencia y arriesgan la vida humana.

La infodemia es la desinformación en materia de salud y este es el oficio de los charlatanes, desinformar para matar, y los tercos que no se vacunan son todo oído para estos pseudocientíficos que se inventan fórmulas mágicas para tratar con menjurjes o bebedizos el Covid-19, y no contento con ello conspiran contra la ciencia y prefabrican miles de hipótesis, de que la vacuna mata, esteriliza y es un perfilamiento para conocer la vida de todo el mundo, y pensar que ese 30 y 40% de la población que no se ha vacunado entorpece la erradicación o convivencia con el virus.

Ahora, las vacunas han librado a la humanidad de las peores epidemias, y haciendo historia el primero que usó la ciencia para prevenir una enfermedad en lugar de curarla fue el médico inglés, Edward Jenner, y lo hizo contra la viruela en 1796, y desde entonces son una de las historias de éxito de la medicina moderna, como se demuestra con las enfermedades graves que se han erradicado y reducido dramáticamente, desde la patología descrita, hasta una papera, poliomielitis, varicela y tuberculosis, hasta un sarampión, difteria, rabia, tétano y rubéola, sin soslayar los esfuerzos de la ciencia por descubrir una vacuna contra el sida.

Por Miguel Aroca Yepes

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