La evaluación de la actividad política con sus metas y resultados son tan relativos que, como cualquier pasión, lo que a usted le parece bien, en la misma gradualidad a mí me puede parecer mal y viceversa. Ahí nacen los enfrentamientos ideológicos y hasta personales que confunden la capacidad reflexiva del elector y que solo los estrategas y eruditos dirigentes políticos tienen claro, al momento de manipular el comportamiento del elector de acuerdo a sus intereses.   

Esa habilidad acuñó estratégicos postulados que, aunque en cada elección son menos evidentes, aún mantienen el letargo democrático que impide la renovación de una clase dirigente inservible e insensible a la razón de ser del noble ejercicio de la política, como lo es proveer oportunidades y bienestar general. Todo tipo de estupideces escuchamos cuando defienden candidatos, cuya única virtud radica en hacer parte del inequitativo sistema político que nos obliga a elegir por necesidad económica. Por eso hoy algunos tristemente siguen pensando que, sin interesar las reales fuentes de financiación de las campañas, el buen candidato es aquel que en época electoral gasta a manos llenas las astronómicas cifras de dinero que le niegan al pueblo en cuatro años. “El que paga para llegar, llega a pagar”, certero aforismo a tener en cuenta.

Igualmente usan el paisanaje como cobija para cubrirse del escarnio público, cuando la incapacidad de sus escogidos es indefendible. Como eunucos políticos repiten el falso libreto que por generaciones ha castrado la agudeza democrática, capaz de evaluar certeramente los antecedentes, planteamientos y la proyección del candidato, y actuar electoralmente en consecuencia.  

Lo peor de todo es que algunos electores y muchos líderes de algún rango han ido aprendiendo, y en su experiencia particular identifican lo que realmente pasa, pero en una pusilánime actitud conformista, prefieren hacer parte del nefasto entramado politiquero, tal vez motivados por alguna contraprestación económica o laboral momentánea, insuficiente en lo personal desde todo punto de vista cuando se convierten en cómplices de un engaño, que dará al traste con la implementación de serias políticas públicas a favor de las comunidades, las cuales cautivamente votan ilusionadas por un futuro mejor.    

Pero aún estamos a tiempo. Como muchas veces se ha dicho y de verdad que es cierto, el poder democrático está en los electores. Solo debemos atrevernos a tomar decisiones, sin dejarnos arrastrar por la corriente ensordecedora que se conforma con festejar los triunfos ajenos el día de elecciones y que cíclicamente sufre la frustración durante los siguientes cuatro años. Solo una próxima campaña política mitiga su desesperanza. Piensa en ti y decide en la intimidad del cubículo lo mejor para tu familia. 

Muy seguramente lo mejor no es lo que estamos viviendo. Por esto los congresistas actuales y que aspiran repetir curul, representantes del clan familiar que regenta la administración departamental, tendrán que responder políticamente por los dineros que esta ha dilapidado en el Estadio de Fútbol, en el CDT ganadero y pesquero, en los mercados con ocasión del obligado confinamiento por pandemia, en las obras inconclusas, en los desajustes del Plan de Alimentación Escolar, etc., etc., etc., porque, así como el manejo irregular del erario que compra conciencias da réditos electorales, la memoria también debe alcanzar para cuestionar con el voto, la elección de alfiles legislativos que en Bogotá como fusibles cierran el círculo de la impunidad. 

Entonces si estás en desacuerdo con estas prácticas, vota por quienes también lo están. La fuerza política que en estas elecciones das con tu voto, es la misma que van a utilizar en tu contra en las departamentales del 2023. Vota por ti, vota por tus hijos, vota por tu familia, vota por el Cesar, vota por Colombia. El futuro es nuestro si nos unimos en torno a un propósito general que todos ganemos. Un abrazo. 

Por Antonio María Araújo Calderón

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