Ya pasaron las elecciones
Por: Antonio María Araújo
Dicen los versados en comportamientos electorales que después de elecciones ya el discurso no es el mismo de la campaña política. De igual manera, que en las derrotas es cuando efectivamente se aprende y los resentimientos solo quedan del lado perdedor, aunque esta elección presidencial parece ser la excepción. En todo caso, la reacción será de acuerdo al talante de cada persona y cada uno verá cómo enfrenta el triunfo o la derrota.
Aterrizando la conversación a las elecciones del pasado domingo, hallamos reacciones de todo tipo. Entre los ganadores encontramos activistas que en época preelectoral fueron muy punzantes en las redes sociales, sobre todo en X, disparando veneno a toda publicación que no fuera afín al idolatrado tigre. Ya hoy la actitud es otra: del lunes en adelante le dan ‘me gusta’ a publicaciones que incluso ponderan el guarismo obtenido por la contraparte y que muy seguramente los convertirá en una opositora fuerza política, garantizando el sistema de pesos y contrapesos propio de las democracias. Una buena actitud.
En contraposición están los que aún hoy insisten en chocar con quienes no piensan igual que ellos. Por ejemplo, a mí me escriben pidiéndome explicaciones por mi postura política, algunos hasta irrespetuosamente, como si alguna vez hubiera hecho votos de borrego siguiendo a la manada sin derecho a discernir. Conste que a nadie le escribo ni lo llamo a cuestionarle su decisión política, aunque sepa que a todas luces es contraria a sus intereses o aspiraciones. También en estos días, de una camioneta blindada de alta gama gris, me gritaron diatribas políticas por un amplificador de sonido. Ojalá no pase de gritos a proyectiles y comience el destripamiento.
En deplorables hechos, las casas de la senadora Imelda Daza y del representante a la Cámara Carlos Felipe Quintero se vieron afectadas por vandálicas acciones de un adoctrinado pueblo que, siguiendo la estrategia política, clama sangre.
Otro tipo de activistas sarcásticamente le preguntan a sus amigos que políticamente fueron contrarios y perdieron, si continuarán trabajando en las agencias del Estado en las que hoy laboran, o a los cautivos que, confiando en una ilusión de campaña, se creen de mejor familia, olvidando su dependencia económica de una actividad informal, por lo que precisamente no van a ser la prioridad del próximo gobierno y les va a tocar seguir acudiendo al vecino, al amigo e incluso a ese conocido que votó por Iván Cepeda, para venderle rifas, pasteles, postres y todo tipo de bagatelas que constituyen su economía. Algunos no van a querer comprarles más.
Lo rescatable en este mar de yerros y bizantinos egos fue el posicionamiento de nuestra fuerza política como realidad electoral con vocación de poder. Los 281.785 votos alcanzados en el departamento y los 111.694 acá en Valledupar, casi 14.000 más que el oponente, derrotaron el poderío institucional y económico que normalmente gana las elecciones en nuestro territorio. La mística política de las bases derrotó la frustración que sufren por el abandono del gobierno nacional, el cual, en nombre de unas reformas no alcanzadas, entregó los espacios de poder local a la oposición que hoy festeja. Gracias a todos esos valientes que nos dan esperanzas para seguir luchando por la dignificación del ser humano, por encima del exclusivo interés individual. Fuerte abrazo.
